Este fin de semana me he dado un pequeño gusto personal entregándome a la experimentación de una técnica que no había trabajado hasta la fecha: la fotografía del humo. Un ámbito tremendamente creativo en el que destreza e imaginación, captura y postproducción van de la mano… del azar. Y es que hablamos de intentar plasmar algo tan etéreo como esas diminutas y volátiles partículas producto de la combustión, cuyas evoluciones y formas derivadas están sometidas a los caprichos del aire, de las condiciones de ventilación del lugar en el que se realizan, por lo que éstas han de ser también controladas.
Hay muchos tutoriales en la Red, y algunos me han servido de gran ayuda en las dos sesiones que realicé el domingo. En mi caso, utilicé la Nikon D200 con un objetivo Nikkor macro 105mm, un flash externo macro controlado desde la cámara, una placa difusora para controlar la dirección de la luz del flash y un trípode. Es vital un fondo uniforme negro (el blanco crearía sombras indeseables): tela, madera… lo más mate posible para evitar brillos y reflexiones de luz. A mí me vino de perlas una estantería de madera que, debidamente despejada, se convirtió en una perfecta caja oscura con posibilidad de controlar todos los factores de iluminación, exposición y aire.
Como fuente de humo puedes usar lo que quieras: varitas o taquitos de incienso, cerillas, cigarrillos, velas… Yo usé varitas de incienso y cigarrillos. Para enfocar, lo mejor es poner la cámara en manual y situar un objeto en la vertical del objeto que emitirá el humo, a la altura donde vayamos a fotografiar. Una vez enfocado, bloquear. La iluminación de la sala debe ser algo oscura, no necesariamente oscura del todo, aunque esto es ideal. Yo experimenté con oscuridad total en la primera sesión y semipenunmbra en la segunda, con resultados similares. Lo importante es que no haya luces que interfieran de forma directa o indirecta con el objeto. En cuanto a la ventilación, lo ideal es tener controlado el ambiente, de tal forma que puedas crear una ligera corriente si es preciso para lograr un ligero movimiento del humo, pero sin pasarte. Algo que me dio excelentes resultados fue evitar toda corriente de aire y realizar movimientos manuales con la varita de incienso sobre la vertical preconcebida.
Por último, queda la fase de postproducción. Puedes mantener el negro original del fondo o, en Photoshop, invertir la imagen para cambiar el fondo a blanco. El humo (blanco azulado en la captura) se tornará de un tono anaranjado-marrón. En cualquiera de los dos casos, también puedes crear una capa de color uniforme o degradado (superponiéndola como ‘tono’ o ‘color’) e ir jugando hasta dar con el ‘cuadro’ que más te guste.
En las imágenes superiores tienes un ejemplo de ello:
a) Foto original
b) Foto original con capa de ‘tono’ y degradado
c) Foto invertida tal cual del original
d) Foto invertida con capa de ‘tono’ y color uniforme
Aquí te dejo unas cuantas más:
Si quieres ver la colección completa, la he subido a Flickr. Son unas cuantas horas de diversión y creatividad. ¿Te animas?




















3 comentarios
Le felicito. Que buena forma de “ganar el tiempo”. Caprichosas imágenes de una naturaleza pornográfica que no necesitan música, ya lo son. Bonitas!
Gracias, intentare ponerlo en practica
@Aloriel: a ti. Que lo disfrutes
Un saludo.