Como si de un retorno a mi infancia se tratase, esta mañana he escuchado después de muchos años el dulce y breve sonido de la flauta de pan de un afilador. Dulce y breve varias veces, como es menester para hacer efectivo el reclamo por las calles del barrio. Este ‘fantasma’ del pasado no transportaba su pequeña ‘industria’ –soporte y dos piedras de afilar– en bicicleta o moto, como yo recordaba de los afiladores de mi niñez, sino tipo carrito, muy similar al de esta foto. Una profesión que creía ya extinguida y que veo resurgir al socaire de la crisis. Tanto que esta nueva versión de amolador callejero siquiera puede invertir en motor o gasolina.
Actualización (19 may-16.42 h): me comenta un buen amigo que el afilador es de Almería y que le afiló un par de cuchillos, poco después de esta foto, con gran maestría.










3 comentarios
Manuel,a mi me pasa lo mismo cuando lo escucho,pero como tu bien dices siempre acompañado a continuación de otros sonidos que nada tienen que ver con este magnifico oficio que por cierto salió de mi tierra para dar la vuelta al mundo,todo se pierde menos los recuerdos,menos mal que esto es patrimonio de cada uno.
Saludos
@ramon fernandez fernandez: así es. Gracias.
Un saludo.
Pues por aqui en México todavía funcionan, no traen carrito, más bien una bolsa con sus cacharros y una armónica o bien mucho pulmón, cobran 5 dólares por pieza.
Saludos